Ion Fiz O/I 09/10


Le tocaba cerrar Cibeles y parece ser que le daba pena porque el desfile empezó con 50 minutos de retraso. Por lo menos, esta vez se puede decir que la espera mereció la pena. La pasarela se convirtió en un auténtico cuadrilátero en pleno corazón del Matadero madrileño. Una versión castiza de Gotham City con decenas de globos gigantes en azul petróleo.
De pronto, una música atronadora y la aparición sorpresa de Vinilla Von Bismarck (que cada día se parece más a Brigitte Nielsen), ajustadísima con un vestido negro. Es la hora de las pin-up góticas y alguna que otra reminiscencia al Christopher Bailey de Burberry.
Todo fue extremo en un desfile donde el negro nunca ha dado tanto de sí. Para la cabeza, melenas ultra cardadas al estilo de las pelucas del musical ‘Cats’. Coincidencia o no, las niñas buenas ya no se llevan. Cibeles pasa de las lolitas y se decanta por las más perras: las vampiresas de María Escoté, las ‘femmes fatales’ de Andrés Sardá y los demonios teñidos de glamour de Ion Fiz.
Las malas pécoras no tienen miedo al frío y no dudan en lucir pierna, pecho o todo lo que se preste. En el infierno no hay invierno y hace mucho calor. Y si no, chaquetas de zorro con grandes hombreras. Entre el resto de las propuestas: escote corazón para que se luzcan bien los tatuajes, tejidos con brocados y cinturas ceñidas por cinturones con aplicaciones metálicas. Algún vestido palabra de honor con estampado paisley, botas Pretty Woman que se elevan hasta donde el muslo pierde su nombre y transparencias.
Los chicos son meros esclavos al servicio de su majestad, doña Oscuridad. Camisas de corte frac, siluetas hiper ceñidas, tal y como gustaba Hedi Slimane, y algún cardigan de punto gris que simulaba desgarros en la espalda.
Si Ion Fiz acertó plenamente la pasada temporada Otoño - Invierno con una colección inpirada en Escocia (Landscape), a buen seguro que vuelve a repetir éxito y, cuando empiece a caer la hoja, las aceras se plagan de góticos chic. Que no todo va a ser Dolce&Gabbana.
Se apaga la luz. Fin.
Jesús Lorenzo para Groenlandia O/I 09/10


Foto: Juan Echeverría
Cuando a un diseñador de piel le toca desfilar después de otro, y si el anterior ha sido una maravilla como la de Miguel Marinero, las comparaciones, más que inevitables, son odiosas. Lorenzo trató de quitar años a los abrigos de piel con una propuesta más joven y de corte ’street’, o al menos, lo intentó.
Se podría definir su colección como ‘caos creativo‘ donde se pudo ver desde un abrigo estilo arty (que bien podría haber firmado Custo Dalmau), hasta un vestido de novia que cerró el desfile. Quizá faltó la coherencia ya que, de unas piezas a otras, tan sólo difería el color (negro, verde oscuro, amarillo canario y burdeos). Muy bien en los modelos más clásicos y algo pobre en los demás.
Lo más destacado fue sin duda el forro interior que convertía a cada abrigo en una pieza reversible que, según el dossier de prensa, su peso es el menor de todos los del mercado. Así que ahora, para llevar pieles no es necesario tener el cuerpo de una monitora de fitness.
Otra de las innovaciones positivas fue la reinvención de la chaqueta de frac en clave de piel. Original cuanto menos. Entre las ‘víctimas’: visones americanos, martas y gatos lince.
Miguel Marinero O/I 09/10


Si esta edición de Cibeles se ha caracterizado por algo, ha sido por las continuas protestas de las asociaciones defensoras de los animales. Con esta premisa, le llegó el turno a la moda en piel. Es probable que Miguel Marinero contase con un buen equipo de seguridad con el fin de que ninguna eva y adán interrumpiesen en la pasarela con carteles protesta o se abalanzasen, spray rojo en mano, sobre una Massiel enfundada en visón.
En este escrito no se pretende hacer especial hincapié en juicios morales sobre el uso de pieles y lo que ello supone. De hecho, el diseñador se encargó de plasmar su particular visión de los hechos al sacar a una modelo portando un cartel que rezaba así: ‘No a la intolerancia, sí al respeto de las ideas’.
La colección, maravillosa. La inspiración: los grandes de la moda como Poiret, Vionnet, Lanvin y Chanel. Marinero no quiere hablar de la crisis por lo que se remonta a la época de mayor esplendor de los años 20, justo antes de la Gran Depresión. Con ello trata de expresar que ’sólo la belleza puede salvar el mundo’.
Una amplísima gama de colores en la que no faltaron los grises, marrones, arenas y alguna propuesta bicolor muy chanelesca de la que Coco hubiese estado más que orgullosa. El peso se centra en la parte superior ya que los abrigos se acortan a la altura de la pantorrilla. Grandes solapas o volúmenes salvajes que consiguen domarse con un cinturón.
Estolas en piel natural, foulards y tocados de ensueño. Y sobre el cuello… perlas. Faltaría más. Que al Cotton Club no entra cualquiera. Al más puro estilo jazz, la última propuesta de su colección desnuda a la mujer y saca todo lo que lleva dentro: rojo pasión. Un cabaret al que todavía le quedan muchas noches por delante. Lástima que estas preciosidades no hayan podido hacerse con piel sintética.
Carlos Diez O/I 09/10


Foto: Juan Echeverría
Si hay un diseñador que mueve masas entre el moderneo fashion ése es, sin duda, Carlos Díez porque a su desfile ‘no faltó ni el tato’: Julio Medem junto a sus musas Bebe y Elena Anaya, la Terremoto de Alcorcón, Pablo Rivero, Eva Amaral, diseñadores y demás ’socialités’ de la conocida como Removida madrileña.
Desde hace años, este vasco de pro con un aspecto a medio camino entre el Profesor Bacterio y un rabino judío, ha revolucionado un Cibeles que muchas veces peca de un exceso de fotocopia y falta de ideas. Sus propuestas, hasta ahora geniales, se han quedado en algo simplista y manido.
Principalmente ha definido tres líneas: camuflaje, plástico y peluche. El estampado militar hace tiempo que dejó de tener su gracia. Y las chaquetas de neopreno que desestructuraban los hombros también han podido verse en las armaduras-flor de Amaya Arzuaga este año, en la colección primavera-verano de Juanjo Oliva y, obviamente, en la de Ghesquière para Balenciaga.
Lo mismo sucede con la temática peluche que Díez presentó invadiendo pantalones, chaquetas y bufandas en color azafrán. Para quienes aún no sepan lo que es el mundo Furry, que piensen en una orgía en Disneyland París donde Winnie the Pooh se lo monta con el que hace de Rey León y el Oso Baloo. Este movimiento parece haber calado en el Cibeles de este año ya que también ha sido el denominador común de las propuestas de El Delgado Buil. Pero aquí es donde cabe nombrar a EBP, al que quizás ahora convendría revisar y darle un lugar más destacado puesto que fue precursor de este movimiento (con su colección Furry Fandom), y otros más, como la estética pixel.
En materia de complementos, Carlos sí que merece un 10 con unas revisitadas Converse en forma de botas de pescador. Las capas de murciélago y algunas piezas en tejido plástico brillante también se hacen con una buena nota pero, en general, se esperaba más del gamberro de la moda. Es lo que pasa con los genios, que cuando ponen el listón muy alto, cuesta mucho superarse.
Sita Murt O/I 09/10
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Foto: Juan Echeverría
Sita Murt optó por subir a la pasarela de Cibeles unas “caperucitas rojas” que van de fiesta a la discoteca más “a la última” de Barcelona. Unas lolitas que no temen al frío gracias al magnífico trabajo de la lana detrás de cada jersey y cada minivestido, muy sexy, de punto. Una propuesta sexy, atrevida e innovadora que no renuncia a una vertiente comercial muy marcada.
Los jerséis de punto gordo tanto en lana como en angora fueron la clave de un desfile en el que los hombros fueron perfilados, en todo momento, por las hombreras exteriores creadas gracias a la superposición de una especie de pétalos de la misma textura. Prendas hechas para proteger los vestidos vaporosos y etéreos que visten las caperucitas cosmopolitas.
El rojo, el azul pavo real y el maquillaje se convierten en los colores fetiches de una colección con ciertas reminiscencias ochenteras que recuerdan a las propuestas estilísticas de series como Dallas y Falcon Crest en una versión renovada y actualizada. Unos looks donde los volúmenes están muy estructurados, casi esculpidos a golpe de cincel en una lana que se arma de valor para luchar contra el frío.
Josep Abril O/I 09/10
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Foto: Juan Echeverría
El catalán Josep Abril consiguió transmitir una serenidad conceptual sólo alcanzable tras años y años de experiencia en la moda. Todo un trabajo de sastrería impoluta donde la pasarela avanzó desde un gris grafito hasta el negro más absoluto sólo quebrado por algunas prendas en azul noche.
Todo un recital de estructuras y texturas donde el color desapareció para presentar propuestas muy ponibles y actuales. Los pantalones acortaron sus bajos, una tendencia que resulta ya recurrente para el próximo invierno, hasta enseñar los tobillos de unos modelos hieráticos y gélidos.
Abrigos tres cuartos, americanas, pantalones ajustados, calzado cómodo y mucho punto grueso fueron las principales ideas que puso el catalán Josep Abril sobre la pasarela. Una presentación sin fuegos artificiales en la que el simplismo fue una vez más su mejor carta de presentación.
Jan iú Més O/I 09/10
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Foto: Juan Echeverría
Si Felipe II volviera a nacer probablemente vestiría de Jan iú Més. La ropa del dúo establecido en Barcelona hizo todo un ejercicio de deconstrucción y simplismo que habría agradado al Rey. Su decisión de teñir toda la colección de negro, a excepción de contadas pinceladas de plateados adamascados, resultó conmovedora y anticipadora de los tiempos duros que acompañan una crisis económica.
Una pasarela únicamente masculina que demostró que el frío es contra lo que hay que luchar en invierno. Por ello, tanto Jan como Alfonso dieron muestras de un dominio aventajado de la lana con jerséis oversize superpuestos que conseguían transmitir una calidez tranquilizadora.
Los modelos salieron a la pasarela con pantalones cortos de tweed grueso para un invierno duro, climatológicamente hablando, que se superponían a leotardos oscuros y calcetines grises que tapaban aquello que la tela no conseguía. Una opción arriesgada, sin duda, pero que remarcaba aún más la validez de unas prendas de punto hecho a mano de calidad innegable.
Anke Schlöder O/I 09/10
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Foto: Juan Echeverría
La alemana Anke Schlöder viajó continuamente en el tiempo en su colección “Caos y Orden”, lo que finalmente resultó paradójico, desconcertante y falto de coherencia ideológica. La inexactitud temporal y formal de sus propuestas hizo que grandes trabajos de patronaje quedaran desvirtuados.
Una puesta en escena desnuda, en la que ni la música sonó, fue el único soporte para una sucesión martilleante de vestidos extremadamente conceptuales que nadaron entre una estética new age y espacial. Minivestidos de telas patchwork con rejillas de lana o pitillos dorados se vieron a lo largo de la silenciosa y misteriosa tarima.
Las cadenas fueron las protagonistas de la noche al hacer de aderezo de vestidos de cóctel en un terciopelo que fue desde el rojo Burdeos hasta el negro más elegante. Una colección demasiado experimental que echó por tierra un maravilloso trabajo de confección y diseño. Quizá debería cambiar de estilista para dar mayor dinamismo a unas prendas que en conjunto no terminan de convencer.
Juana Martín O/I 09/10
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Foto: Juan Echeverría
La cordobesa Juana Martín huye de encasillamientos y lo demuestra colección tras colección. En su última propuesta invernal da un giro de timón a su forma de trabajar las prendas y da una especial relevancia al volumen como parte fundamental de la construcción de sus propuestas.
Fuera de cualquier tópico que se pudiera esperar de una diseñadora andaluza, Juana avanza en una singular búsqueda de la belleza femenina. Su desfile se compuso de tres partes diferenciadas por el color: negro, azul noche y blanco perlado. Si bien las telas satinadas sirvieron de hilo unificador en un show demasiado largo, casi media centena de salidas.
La parte “negra”, más bien para olvidar. El excesivo volumen en la parte superior de las prendas, los abrigos trapecio y las mangas abullonadas parecieron más una suma que una unión homogénea de la composición. Recordaba en ciertos momentos a la maléfica ama de llaves de Otra vuelta de tuerca del genial Henry James. Una parte muy dispersa de la que se salva un abrigo negro de manga tipo farola que podría haber firmado el propio Balenciaga o Pertegaz.
Hasta que no aparecieron los modelos en azul noche no se vio la brillantez de Juana Martín. Ahí es donde las mangas murciélago, los minivestidos y las onduladas y fluidas formas dan muestra de la sabiduría de una diseñadora que se encuentra más cómoda en la noche que en el día y cuya mayor baza son los vestidos largos y ultrasexys para las fiestas.
Nicolas Vaudelet para El Caballo O/I 09/10
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Foto: Juan Echeverría
Nicolas Vaudelet viajó hasta Sierra Morena en su nueva colección para El Caballo y llenó la pasarela de bandoleras andaluzas. El joven francés dio todo un recital de savoir faire y de maestría con una puesta en escena simple pero muy efectiva. Vaudelet es ejemplo de lo que tienen que hacer otras casas de moda para rejuvenecer su imagen.
El diseñador conjugó a la perfección en su colección ponibilidad, innoviación y coherencia, a la vez que respetó el origen ecuestre de El Caballo. De entre bambalinas, comenzaron a salir serranas del siglo XXI que rememoraron entre el público los mejores momentos de Curro Jiménez. Una propuesta atrevida, pero muy casual. Perfecta para una mujer que se atreve y no tiene miedo en gustar.
Los tonos ocres y parduzcos fueron coprotagonistas de un desfile en el que los complementos también fueron la clave. La factura con la piel, simplemente excelente. Sombreros gauchos, botas mosqueteras, complementos militares, flecos, bolsos, pañoletas dieron el punto final a unas salidas muy aplaudidas que terminaron por hacer valedor al galo del premio L’Oreal.
Desfile con carácter, decisión y un imaginario perfectamente acotado: muy fácil de entender y muy claro en el concepto. Una sucesión de modelos acordes, con reminiscencias muy andaluzas y una vocación muy comercial pero con un toque muy “pasarela”; es decir, un estilismo muy trabajado y elaborado con cierta espectacularidad que consiguió conmover a un público ecléctico.



